Historia de vida "Moverse para vivir (y para vivir mejor)"

El otro día vi en las noticias a una señora catalana de 106 años,  Pepita Bernat. Le preguntaban qué hacía, cuando algo le dolía, cuando no se encontraba bien o cuando la vida se le hacía cuesta arriba. Su respuesta fue tan simple que desarmaba cualquier teoría complicada:

“Moverme. Bailar. Dejar de lado los problemas.”

Nada de pastillas milagro, ni rutinas imposibles, ni gimnasios de última generación.
Moverse.
Bailar.
Seguir.

Y pensé que, muchas veces, buscamos soluciones muy lejos cuando las tenemos en el cuerpo. Yo soy la primera que en un momento de un bajo estado de ánimo o de un pequeño dolor he procrastinado el moverme, y luego es mucho peor. Pero cuando haces el esfuerzo y sales a pasear, o vas a la sesión de Pilates que tanta pereza te da, o te pones a hacer algo activo en casa,  la recompensa es muy alta, tanto a nivel físico como emocional.

Nos han hecho creer que el deporte es sacrificio, disciplina extrema, sudar hasta agotarse. Pero a cierta edad —y quizá a cualquier edad— moverse no debería ser un castigo, sino un regalo. Caminar un poco más. Subir escaleras. Salir a dar una vuelta cuando la cabeza no para. Poner música en casa y dejarse llevar, aunque nadie mire.

Si te duele la cabeza, muévete.
Si estás triste, muévete.
Si los problemas no se pueden resolver hoy, baila y déjalos aparcados un rato.

Los expertos en longevidad lo repiten una y otra vez: las personas que viven más y mejor no hacen deporte intenso, pero se mueven todo el día. Caminan, cuidan el huerto, van a comprar a pie, quedan con otros, se ríen, vuelven andando a casa. El movimiento está integrado en su vida, no en una agenda.

En el Club Más 65 creemos mucho en esto. En un movimiento que no entiende de marcas ni de cronómetros, sino de bienestar real:

Caminar sin prisa, pero con ganas.

Mover el cuerpo para despejar la mente.

Bailar, aunque sea en el salón.

Hacer ejercicio para sentirse vivo, no para castigarse.

Compartir el movimiento, porque acompañado siempre es mejor.

No se trata de sumar kilómetros, sino de sumar días buenos.
De seguir haciendo cosas.
De no quedarse quietos por miedo.
De recordar que el cuerpo está hecho para moverse… y que mientras se mueve, la vida sigue fluyendo.

Quizá la señora de 106 años no lo sabía, pero nos dio una lección enorme.
Cuando algo duele, no te pares.
Muévete.
Baila.
Y sigue.

¡Seguimos!

 

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